Todo el sistema educativo, como fiel reflejo de la sociedad actual, se ha visto afectado por la pandemia de la COVID 19. Todas las materias de aula han tenido que reinventarse, adaptarse a los nuevos tiempos, a los protocolos y recomendaciones sanitarias para garantizar un ambiente seguro para todos los miembros de la comunidad educativa.
Pero si hay una materia que ha sufrido en sus propias carnes la terrible pandemia de la COVID-19 esa, sin lugar a dudas, ha sido la educación física.
Nuestra materia siempre se ha caracterizado por las interacciones entre el alumnado, la cercanía, el compartir materiales, los juegos cooperativos… en definitiva, una asignatura que promueve hábitos de socialización.
El gran reto
Las medidas de autoprotección conllevan una distancia interpersonal mínima de 1,5 metros cuando se está en una posición estática, pero esta distancia ha de ser mayor en el caso de estar realizando un ejercicio en movimiento como puede ser el caso de correr.
Muchas de las actividades que realizábamos de manera rutinaria antes de la pandemia como podían ser los deportes colectivos, actividades en las que había contacto entre compañeros como el acrosport o juegos tan tradicionales como el de pilla pilla se han visto tremendamente condicionadas. Así pues, los profesores se han visto avocados a desarrollar su ingenio y su imaginación hasta límites insospechables, para así poder establecer variantes que permitiesen llevarlas a cabo de manera segura.
Los desafíos del día a día
Entre los hándicaps a los que nos enfrentamos: la utilización de mascarilla, desinfección de los materiales a utilizar, distancias de seguridad…
Los docentes de educación física hemos tenido que reinventarnos y adaptar nuestras clases a unas circunstancias desconocidas hasta la fecha debido a la excepcionalidad de la actual situación sanitaria.
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